jueves, 21 de octubre de 2010

Pan de ayer

Copio esta entrada de Ciudadano L.

Quien, a su vez, toma prestado el texto de un poeta, Juan Carlos Mestre.

Y para ambos, seguramente, quedará el recuerdo de esos versos, esa voz del autor, la luz y el marco que nos acompañaron aquella tarde de junio.

Y como esa tarde, seguro que se repetirán muchas más.


Por mi pueblo no pasa ni el Támesis ni el Rin
Nadie por aquí ha oido hablar de Heráclito
Y las casas natales se derrumban bajo la lluvia

Los pescadores regresan del río con las cestas vacías.
El árbol que viste crecer de niño grita en el aserradero.
Y las casas natales se derrumban bajo la lluvia

Los parroquianos discuten en la cantina sobre la redondez de la Tierra
Los vendedores ambulantes compran la lana de los colchones viejos
Y las casas natales se derrumban bajo la lluvia

Las madres siguen desgranando guisantes bajo las lápidas
Yo oiré las campanas en el centro del mundo
Mientras las casas natales se derrumban bajo la lluvia

(Juan Carlos Mestre. Pan de ayer, de La Casa Roja)

viernes, 1 de octubre de 2010

Haciendo el cabra

Aprovechando el día de huelga, el paro, la luna de miel, las vacaciones... o quizás todo junto a la vez, el miércoles me escapé en buena compañía a patear un poco por la Pedriza.

Paredes verticales, moles de granito haciendo equilibrio, figuras de todo tipo recortándose contra el cielo azul, la Pedriza es un lugar de cuento de hadas. A veces maltratada, atestada de gente por su 'autopista', también ofrece lugares salvajes y solitarios.

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Posiblemente sea uno de los lugares o las rutas de montaña que más veces he visitado. Con nieve, con lluvia, pasando la noche entre sus riscos, corriendo, caminando, bajo el cielo azul... Y cada vez que me acerco a ella, me parece diferente, ofreciendo siempre un nuevo rincón en el que me podría quedar horas embelesado.

A primera vista llama la atención por sus rocas de granito, redondeadas, desafiando la ley de la gravedad. Pero si se observa atentamente se descubren bosques, veredas, saltos de agua que acompañan a este laberinto de roca. Y con un poco más de esfuerzo, perdiéndose entre los senderos, utilizando las manos para trepar un poco más arriba, se pueden encontrar cabras montesas 'zapateando' entre los riscos, o buitres sobrevolando sus dominios, observando curiosos a los visitantes.

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Tan cerca del laberinto de edificios que es Madrid, y a la vez tan lejos, se encuentra este otro laberinto de roca.