viernes, 28 de enero de 2011

Beti Jai

Ayer escuché en la radio que iban a declarar Bien de Interés Cultural en Madrid el frontón Beti Jai (que significa siempre fiesta).

En su momento, navegando por internet, ya me encontré con dicho frontón. Tiene una historia curiosa detrás, pues además de frontón ha sido corrala de vecinos, escenario de películas, taller de coches... e incluso cárcel. Hasta llegar al estado de abandono actual.




Por lo visto, hará ya más de 100 años, en Madrid debía haber una buena cantidad de vascos, comerciantes en su gran mayoría, que se trajeron consigo el amor por la 'pelota' en todas sus modalidades, y entre ellas la cesta punta o jai alai. Y tanta fue la afición que había, que se llegaron a construir varios frontones en Madrid, auténticas joyas arquitectónicas por lo visto, entre los que destacaba uno llamado como el juego, Jai Alai, ahora ya desaparecido. Desaparecido como el resto de frontones de este tipo, salvo el Beti Jai. Frontones enormes, con balcones y palcos en lugar de gradas. Algunos abiertos y otros cubiertos.


Ahora el Beti Jai parece que va estar más protegido. Espero que así sea, porque buscando fotografías se puede ver que el deterioro es importante.

miércoles, 26 de enero de 2011

Nuevas sensaciones

El otro día estaba viendo no sé qué en la tele (y es que no hay nada que ver en ella, salvo excepciones), y entre que cambiaba de canal y no, me encontré con un tipo que estaba tirándose en paracaidas por primera vez, que decía que le gustaba eso de buscar 'nuevas sensaciones', probar cosas nuevas, con una cara exultante de emoción y de adrenalina, tras haber tomado tierra.

Yo no me considero muy echado pa'lante, ni tampoco muy parado. Digamos que normalito (tirando a raro, dirá alguno, jeje). Me gusta hacer cosas, un poco la aventura y acelerar el pulso de vez en cuando en la montaña, con la bici... siempre con moderación.

Pero en los últimos meses estoy descubriendo que en ocasiones, no es necesario salir a buscar las 'nuevas sensaciones', sino que la vida también las va trayendo. Algo así como la montaña y Mahoma. No hace falta ni saltar desde un avión, ni hacer 'puenting', ni trepar a un risco o bajar un río en canoa. A veces, cosas mucho más sencillas a primera vista, consiguen que se me acelere el corazón y que vaya descubriendo nuevas sensaciones.

Seguro que si en determinados momentos apareciese una cámara y me preguntasen sobre lo que siento, saldría con la misma cara exultante de emoción que el que el otro día vi en la tele. Y sin necesidad de tirarme en paracaídas ni nada parecido.