viernes, 18 de febrero de 2011

Con mono y a lo loco


Foto cortesía de Mildo, otro loco de esto de las mallas y las gafas de sol ;-)


Fría mañana de febrero en Rivas Vaciamadrid. Mañana por no decir madrugada, ya que con todos los preparativos que supone participar en un duatlón, si la salida de éste se da a las nueve de la mañana, el madrugón es considerable.


El caso es que allí estaba yo con todos mis archiperres a cuestas dispuesto a participar en este duatlón, clasificatorio para el Campeonato de España (suena importante y todo). Las distancias, 5 km de carrera, 20 de bicicleta y 2,5 km de carrera a pie para acabar.


Los primeros que salimos, los más feos, los de los grupos de edad 30-34 y 35-39. Por eso nos ponen a primera hora, para no asustar al personal. Si lo pienso detenidamente, los duatletas y triatletas son (¿somos?) los más bestias de los deportistas con los que he competido. Y es que siempre se va a mil por hora, en este caso con mono y a lo loco, hasta que se revienta.


Mis salidas nunca han brillado por ser muy buenas, ni por colocación ni por ritmo. Pero en estas pruebas creo que aún son peores. Antes del bocinazo estaba en tercera línea aproximadamente, pero una vez dada la salida me vi engullido por una masa de duatletas con ajustados ropajes y gafas de sol en ristre (entre los que me incluyo, claro) que echamos a correr como si se tratase de un 400. Qué agonía.


Total, que los primeros 5 kilómetros me los paso adelantando a gente, a buen ritmo, roto éste en los incontables giros que se hacen en el recorrido (aunque menos que el año pasado). La transición bien. No sé si rápida o lenta en comparación con otros compañeros, pues al final nunca me fijo quién va a mi lado antes y después de la misma. Eso sí, segura ante todo. Tras mi experiencia, ni gomas, ni zapatillas puestas en las calas, ni nada. Durante un rato corro cogido a la bici como un pato, pero una vez montado me desentiendo de andar apretando las zapatillas o metiendo los pies.


En la bici mejor que el año pasado. Lástima no haber podido enganchar junto con algún compañero con el grupo más grande que iba por delante, cosa que alguno sí que consiguió. Y es que los giros de 180º aún se me atragantan y en cuanto pierdo rueda me descuelgo enseguida. Pero cada vez por menos.


Al llegar a la segunda transición, de nuevo uso 'mi táctica'. Los dos pies al suelo, sin descalzarme. Prefiero perder tiempo a tener otro susto. Susto como el que casi tuvo el compañero que iba justo por delante. Se salvó por el pelo de un calvo al tratar de desmontar al modo profesional. Supongo que como todo, es cuestión de entrenarlo, pero por el momento al menos prefiero seguir fiel a mi estilo.


El último sector, el de la carrera a pie, y a pesar de darme la impresión de no avanzar, sale más rápido incluso que el primero, lo que me deja un buen sabor de boca, acabando con fuerzas incluso para apretar al llegar a la línea de meta.


En resumen, una buena carrera que me deja clasificado para el Campeonato de España a celebrar en Soria a mediados de abril, donde las distancias ya serán palabras mayores. 10 km a pie, 40 de bicicleta y otros 5 de propina corriendo. Kilómetros que, a los ritmos que se marcan (nos marcamos) de inicio éstos que van con mono y a lo loco, se pueden hacer muy duros si no los planteo con cabeza. Espero que salga bien, que el tornillo lo doy por perdido, pero la cabeza para los ritmos considero que aún la conservo.

jueves, 10 de febrero de 2011

El último tornillo

El otro día se me debió caer el último tornillo que me quedaba, o al menos eso creo ahora mismo. Escuché incluso el ruido que hacía al golpear contra el suelo en el mismo momento en el que pulsé el botón de 'confirmar' en el ordenador. De confirmar mi inscripción para el EcoTriMad.

Se trata de un 'medio ironman' que dicen. En este caso en particular de 1900 m nadando, 76 km dando pedales y 21 km de carrera a pie para terminar. Así de golpe me impresiona, pero si entro en detalle es cuando vuelvo a escuchar el eco del golpeteo de ese último tornillo contra el suelo. No quiero ni pensar en los que se deciden a participar en un 'ironman' completo.

Será para mediados de mayo, un sábado al medio día, cuando se dé la salida en el embalse de Riosequillo, cerca de Buitrago de Lozoya. Justo al lado hay unas piscinas que cogen el agua del embalse, y es ahí donde deben estar los boxes. Recuerdo haber estado algún día allí, en pleno agosto, y no se podía estar fuera del agua por el calor que hacía, ni dentro tampoco, por lo fría que estaba. Así que casi no prefiero pensar cómo puede estar el agua el día de la prueba… me veo forrando el neopreno con algo más para quitarme el frío.

Por el momento espero ir participando en varios duatlones para ir cogiendo el 'ritmo de competición', o lo que es lo mismo, para acostumbrar a las patas a que después de bajar de la bici hay que volver a correr. Para qué andar con tanto tecnicismo.

Para mi relación de amor-odio con el agua estoy nadando un par de días por semana o tres con un club de natación, y gracias a ello mi relación se está decantando más por el amor en estos momentos. Es una delicia disponer de la piscina para nosotros y saber qué hacer en todo momento y que en la calle que elijo el ritmo siempre es el adecuado, sin adelantamientos ni paradas inoportunas.

En bici, pues lo de siempre, con mi querida bici 'cítrica' para ir al trabajo, aderezada con alguna salida de fin de semana y el uso del nuevo inquilino, el rodillo, gracias a los reyes magos.

Y en lo de correr, a secas, para marzo pretendo participar en la media maratón de León, que digo yo que tampoco viene mal, y así aprovecho para correr 'en casa'.

Sobre los ritmos y objetivos, pues como siempre, sin ellos, salvo el acabar las pruebas siempre con una sonrisa en la cara y saludando incluso si es menester a quién se acerque a animarme, que para sufrir siempre hay tiempo. Ah, y como objetivo también, ver si encuentro el tormillo por el suelo... para meterlo en una caja.