miércoles, 29 de febrero de 2012

El aire que respiro

Allá por 2008 escribía esto sobre el Cielo de Madrid.

Desde entonces, periodicamente, la situación se repite. Al menos la situación visible y perceptible, ya que la emisión de gases y contaminantes, aunque éstos no se acumulen debido a la circulación del aire o a la lluvia, entiendo que sigue siendo similar.

Tengo alergia y voy al trabajo en bicicleta, por lo que quizás note algo más los efectos de la contaminación. Ahora, además, soy padre, y me preocupa el aire que respira el pequeño. Pero aparte de todo eso, y aunque no fuera ésa mi situación, qué demonios, me gustaría saber que respiro aire. Y no qué aire respiro.

Madrid dispone de una red de medidores de la calidad del aire, que recogen la concentración de determinados gases y partículas en varios puntos de la ciudad. Sobre la ubicación de los mismos existen varias polémicas, ya que de un tiempo a esta parte se ha modificado la situación, encontrándose gran parte de ellos en zonas con poco tráfico o zonas ajardinadas, que impiden una medición real de concentración de contaminantes de zonas críticas y a pie de calle, que es donde respiramos la mayoría de los vecinos y visitantes de Madrid. Su localización se puede analizar en mayor detalle aquí, en la página de medio ambiente del ayuntamiento. Y a poco que se conozca Madrid y su tráfico, deducir si la ubicación de los medidores es representativa o no. Para muestra, un botón, la estación de 'Cuatro Caminos'...


¿Esto es Cuatro Caminos? ¿Cuánto tráfico tiene esta calle comparado con Cuatro Caminos (el de verdad)?

Pese a las ubicaciones elegidas, los valores que se recogen no son de lo más tranquilizadores. Paso ahora a hacer un pequeño análisis de la información que se puede consultar en la web. Me centraré en un gas en concreto, el NO2, que se mide en todas las estaciones fijas de la red. Al igual que el resto de gases y partículas, no es cosa sana el respirarlas, sobre todo a partir de determinadas concentraciones. Y además acentúan dolencias de tipo respiratorio. Lo de qué niveles se pueden considerar peligrosos o no, sería también otro debate aparte, como el de la lozalización de las estaciones de medición. Pero por elegir un rasero con el que medir, por qué no tomar uno legislativo, que alguna base tendrá para determinar dichos niveles. En concreto el RD 102/2011, de 28 de enero, relativo a la mejora de la calidad del aire.

En dicho Decreto, en su Anexo I, se especifican los valores límites horarios y anuales que no deberían superarse, en concreto para el citado NO2 (además del resto de gases).


Quizás, como la tabla está entre dos páginas del BOE, por eso es más difícil cumplir con estos niveles.

Y dice este anexo que el límite horario de 200 microgramos/m3 no debería superarse en más de 18 ocasiones. Para el límite anual indica que no debería ser superior a una media de 40 microgramos de concentración de NO2.

Una vez más, el área de medio ambiente del Ayuntamiento permite conocer y descargar los valores medidos por las diferentes estaciones. Aunque algunos datos son más sencillos de entender que otros. Por ejemplo, si intento conocer todos los datos medidos en el segundo semestre de 2011 para todas las estaciones, me encuentro con un documento de texto con el siguiente aspecto:


A ver quién es el guapo que descifra esto...

Esos datos se pueden tratar, y de hecho existe un pdf que indica cómo. Pero, la verdad, se me antoja complicado si este documento es la única herramienta para consultarlo.

De todos modos, también se pueden conocer los datos medios mensuales y anuales de cada una de las estaciones por años. Ello presentado en este caso en un pdf. Analizando los datos de 2011 que me descargué, obtengo el siguiente recuento: 19 de las 24 estaciones fijas de medición, igualan o superan en su promedio anual los 40 microgramos establecido como límite en el Decreto. Y eso pese a sus controvertidas localizaciones. Mal vamos.

Los datos por horas, como comentaba, son difíciles de consultar, debido al formato en el que se entregan, para saber si se superan los 200 microgramos en más de 18 ocasiones en un año. Pero aún así, se pueden consultar los valores de los últimos días, estación a estación, de un modo más sencillo. Nuevamente, en la web del ayuntamiento.

Los valores que se descargan de dicho enlace van, para todas las estaciones fijas, desde el 19 de febrero hasta el día de ayer, 28 de febrero. Datos horarios de diez días. Y para las 24 estaciones se ha superado el límite de 200 microgramos en un total de 31 horas. Y repito, tomando un rango de 10 días de 365 que tiene el año (366 en este 2012). Cuando el límite del Decreto establece que no se debe superar ese valor de 200 en más de 18 ocasiones. Mal continuamos.

Por el momento, que yo sepa, no se toma ninguna medida al respecto. Mientras tanto, tengo la mala costumbre de respirar en multitud de ocasiones a lo largo del día. Y sigo en las mismas que al principio, sólo que ahora lo tengo más claro. Decía que me gustaría saber que respiro aire..., pero lo que sé, es qué aire respiro. Y no me gusta.

martes, 3 de enero de 2012

De viaje

Pese a que gran parte del tiempo me encuentre en el mismo sitio, tengo la sensación de que estoy en un viaje continuo.

A veces eso es cierto, de manera literal. Por trabajo. Por familia. Por placer.

En otras ocasiones, la literalidad desaparece, y se convierte más en una sensación. Por responsabilidades. Por madurez. Por recuerdos.

Viajo continuamente. Al pasado. Al futuro. Emprendo viajes nuevos todos los días.

Recuerdo. Sueño. Me pongo retos. Metas. Me planteo las cosas. Hago cambios.

Estoy de viaje.

domingo, 9 de octubre de 2011

Volveré

Creo recordar que el primer día que conocí a Ricardo ya me habló de un triatlón que se celebra en Zahara de la Sierra, en Cádiz. La verdad es que no le conocía de nada, y me sorprendió el entusiasmo con el que me explicó todos los detalles de esa prueba. Ahora que le conozco más, sé que todo a todo lo que hace le pone mucho empeño e ilusión, y lo cuenta con mucho entusiasmo. Pero creo que sin duda en este caso, no exageraba.

Zahara se encuentra colgada debajo de una peña, en sus laderas, divisando imponente el fondo del valle donde se encuentra el embalse en el que se celebra el tramo de natación. A las ocho de la mañana del pasado sábado, a la hora del amanecer, el levante soplaba con fuerza, y las aguas parecían más cercanas al mar cantábrico que a un embalse de agua dulce. A decir verdad me levanté sin nervios, que siempre son habituales antes de empezar cualquier prueba. Quizás el saber que al acabar la bici finalizaría mi aventura ayudaba a estar más tranquilo.



Marejada con rachas de fuerte marejada, eso es lo que se veía desde los boxes, donde todo el mundo charlaba y se saludaba. Quizás sea el carácter andaluz, pero me dio la impresión de que al entrar al agua todo el mundo estaba más relajado que en otras pruebas. Todos charlaban, se saludaban y se daban ánimos. Sin duda, una fiesta.

Entre el viento y las olas trascurre el primer sector. Me da por pensar en lo torpes que somos. Seguramente, si fuésemos arenques o anchoas estaríamos más que en peligro de extinción. La capacidad de orientación en el agua es nula, y en grupo más aún. Cualquier parecido con una línea recta entre boyas debe ser pura coincidencia. Aunque por suerte, desde dentro no lo vemos. Dos vueltas, algún trago de agua, y a la transición. Sin prisa pero sin pausa. Algún pequeño enganche con el chip, habitual por otra parte en mí (algún día me decidiré a cortar un poco las 'piernas' del neopreno), y a la bicicleta.

Por delante 90 km, dos puertos y mucho viento. La subida al puerto de las Palomas comienza ya nada más salir del box. Sobre el papel es el puerto más duro, pero las piernas aún están intactas y lo subo con ganas, siempre pensando en guardar para todo lo que queda. El viento de cara hace que determinadas rampas parezcan muros, y paso al lado de los pinsapares que visité en su día, en un viaje de botánica. La subida es preciosa, de postal, con una curva tras otra, que permite ver a los que van por delante y a los que vienen detrás. Y ya en la cima, el avituallamiento... sin palabras. Agua o isotónico, siempre en bidones. Plátanos, barritas energéticas, geles y ánimos, muchos ánimos. Y avituallamientos como éste, unos cuantos más.

La bajada se hace peligrosa por momentos, sobre todo porque a la vuelta de cualquier curva una ráfaga de aire puede hacer que la bici se tambalee. Y en una de esas curvas aparece un guardia civil avisando de un accidente. Un compañero tirado en el asfalto, inmóvil y con collarín... los pelos se ponen de punta. En toda la carrera yo no veo más accidentes, pero otros compañeros aseguran que han visto al menos otro par de ellos, todos en las bajadas por culpa del viento.

Hasta la siguiente subida se suceden los kilómetros, ni uno llano, por los pueblos blancos de la sierra de Grazalema. Y comienza el puerto del Boyar. Sobre el papel, más suave. Sobre la bicicleta, interminable. Diez, doce. Diez, doce. Esa era la velocidad máxima de mi subida. Con el piñón más grande metido la mayor parte del tiempo, los kilómetros pasan lentamente para todos. El Titán comienza a presentarse en su máximo esplendor, hasta el momento sólo ha sido un aperitivo. Llegado a la cima, una pequeña bajada y otros tres kilómetros para ascender 'las palomillas' de nuevo al puerto de las Palomas pero por la vertiente que bajamos hace unas horas. Las rampas más duras y la vista más espectacular al llegar arriba.

La bajada disfrutona, para descansar pero sin relajarse en las curvas, que también se hacen peligrosas. Yo para dejarme ir ya camino de la meta. El resto relajando para lo que les espera, el último tramo de carrera.

Me retiro y finalizo en el hostal, a 100 metros del arco de meta, donde veo llegar, con cierta envidia, a los primeros clasificados, a los del medio y a los últimos, entre las palmas y vítores de los entregados acompañantes y vecinos. Y justo allí, en la plaza donde otros relajan sus cuerpos de titanes, decido que volveré, esta vez sí, para acompañarles hasta el final.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cambio de planes

Al principio de la preparación, en mi 'camino a Zahara', decía que no sabía lo que saldría de la misma. Que lo único que sabía es que me encantaría estar en el pistoletazo de salida de la prueba, disfrutando en todo momento del camino y de la preparación. Y si no lo conseguía, pues no pasa nada. Pero si no lo consigo, sí que pasa algo, claro.

Por desgracia, al final, una lesión me va a impedir disputar por completo la prueba. Así que habrá que hacer un cambio de planes. Por 'suerte', si eso se puede considerar suerte, sólo me perderé el último tramo, la media maratón. Mi tibial posterior ha decidido retirarse. La situación ha sido un poco rara. A finales de agosto tenía molestias en mi tobillo derecho, pero le he sometido a todo tipo de mimos y cuidados, e iba respondiendo perfectamente, sin dolor ni molestias. Pero a diez días del Titán, las cosas han cambiado. Sin motivo aparente (ni sobrecarga, ni torcedura, ni nada similar). Simplemente me ha dicho basta. Y justo a siete días, me lo ha vuelto a confirmar.

Ya no tengo margen de maniobra para recuperarlo, y la única opción posible de completar la prueba es reposar ese pie toda la semana y, haciendo caso omiso a las señales que me envía, disputar la prueba completa. Pero esa opción ni la planteo. No correré, y menos aún esa distancia, 21 km plagados de cuestas.

Así que se presenta un cambio de planes. Este sábado estaré en el agua del embalse de Zahara, dispuesto a nadar los 2.000 metros que corresponden. Una vez salga del agua, cogeré mi bici y subiré al puerto de las palomas. Pero con otro objetivo, disfrutar del paisaje y de las vistas. Una ruta de 90 km tras una sesión de natación, y nada más.

Posiblemente meta en el bolsillo del maillot la cámara de fotos. Procuraré parar en todo mirador que encuentre para mirar al horizonte. Animaré al resto de competidores. Y les miraré con envidia.

He de reconocer que voy sin muchas ganas. Ayer, al decidir el cambio de planes, se me esfumaron de repente, mientras iba en bici, sobre el kilómetro 20... y me di la vuelta para casa.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Queridos fisios

Sirva esta ‘huella’ como carta de reconocimiento a mis fisios. Seguramente, si no fuera por ellos, no seguiría dándole a la zapatilla. Sobre todo si hubiera seguido los ‘sabios consejos’ de algún matasanos, del tipo: “¿Le duele aquí? ¿Cuando corre?... Pues no corra”. Pero éste es ya otro tema.

Tengo la suerte de tener no sólo uno, sino hasta tres fisios, que me cuidan y aconsejan. Y también, todo hay que decirlo, escuchan mis cuitas. Porque hay que decir que a veces somos (soy ) un poco pesados con las lesiones y dolores extraños. Dos de ellos, de mucha confianza, un poco más lejos, pero que aún a distancia me hacen un seguimiento particularizado ;-) La otra, más cerca, y a la que procuro visitar al menos una vez al mes.

Con el tiempo he ido descubriendo que, al menos para mí, esa frecuencia de visitas al fisio es fundamental para mantener a raya las molestias. Un buen masaje de descarga, con los retoques justos en los lugares más cargados en cada momento, una vez cada 30 días aproximadamente, me viene de maravilla.

Como en todo, los principios no son fáciles. Hay que ir probando, con varios fisios, en varias sesiones, hasta que se da con el adecuado. Y es que no debe ser fácil. Si ya me cuesta identificar las ‘señales’ que mi propio cuerpo me manda, no quiero ni pensar lo que debe ser hacer por entender el cuerpo de otro. A veces hay gente que me pregunta sobre el fisio al que voy, si es bueno o no. Para mi gusto sí, porque ya nos conocemos y la cosa funciona. Pero puede que para otra persona no sea el más adecuado. Como casi todo, esto también es cuestión de prueba y error.

En la no-preparación que estoy siguiendo, y en parte (creo) por haber dejado un mes por medio sin la visita de rigor, en las últimas semanas he tenido que acudir a que mi tibial posterior sufriera los rigores de sus manos en varias ocasiones. Y estoy seguro, casi al 100%, que gran parte del éxito de la mejoría, se debe a que el binomio fisio-paciente funciona bien (algo de mérito debo tener yo también, ¿no).

Por otro lado, y como viene siendo habitual, aquí queda el reflejo de las dos últimas semanas del ‘camino a Zahara’. La vuelta a la rutina tras la ‘Concentración veraniega’, y también las molestias del tibial, han hecho que el volumen se reduzca un poco. Quedan tres semanas y ya hay que ir pensando en dejar todo a punto.

L- De vuelta a la piscina, y en compañía. 300 + 800 + 800 con palas
M- Visita a mi ‘querido fisio’. Casi no me muevo, pero salgo agotado
X- Otro día de piscina. 300+400+500+400+300. Los 400 con palas
J- 1h15’ en la bici, con piñón fijo. Incluye 5x1500m en subida. No es un puerto, pero es lo que hay a mano
V- Descanso
S- 56’ de carrera. Parece que el tibial responde, le ha sentado bien la sesión del martes
D- Descanso... ¿o tener una boda la noche del sábado cuenta...?

L- Más descanso (o falta de tiempo, según se mire)
M- 57’ de carrera. Mucho calor y por lo tanto pulso muy alto
X- Descanso
J- Un poco de trabajo con gomas, que tanto ‘descansar’ no es bueno
V-1h18’ de carrera, incluyendo 4x10’ más fuertes. Y por la tarde a la piscina: 1000m +100+200+300+300+200+100. Para resarcirme de tanto ‘descanso’
S- 32’ de carrera. Mi tibial identifica claramente que hay zapatillas que no le gustan. Habrá que hacerle caso
D- 42km de bicicleta (distancia mítica donde las haya), buscando terreno con cuestas