Imagínese usted, ciudadano de a pie, que aparca su vehículo un día de diario en una calle (de las pocas que quedan en su ciudad en las que se puede aparcar libremente, entendiéndose con esto que no se trata de zona azul, verde o de cualquier otro color), a eso de la hora de comer.
Al día siguiente, a eso de las nueve de la mañana, al disponerse a montar de nuevo en su coche observa que ya no se encuentra en la calle. Ni el suyo ni ninguno más de los que a su alrededor estaban aparcados. ¿Qué ha podido suceder en ese tiempo?
Pues una de las opciones es la siguiente.
A las pocas horas de haber aparcado su coche, esa misma tarde, la policía municipal ha pasado por la calle en el que éste estaba estacionado, poniendo una serie de señales de prohibido aparcar con el siguiente lema "Prohibido aparcar el día 26 de mayo de 07:00 h a 15:00. Motivo: Acto oficial".
A eso de las 8 de la mañana, si hubiera salido a la calle, en lugar de una hora más tarde, se habría encontrado con la siguiente escena, cuando menos llamativa: al menos 10 grúas y cinco agentes municipales retirando los vehículos. Cada uno de ellos con su correspondiente receta...
Pero no, ha tenido usted la mala suerte de haber bajado tarde, y haber aparcado pronto. 19 horas aproximadamente entre una cosa y otra, en la que su coche ha desaparecido. Posiblemente podría haberse quedado a ver de qué acto oficial se trataba, pero con seguridad se habrá puesto a buscar su vehículo, lo que incluye viajar en taxi a alguno de los lugares donde se almacenan los coches retirados, pagar el taxi, pagar la retirada del coche y también la receta correspondiente.
No se preocupe, ya le cuento yo de qué iba el acto oficial. Se trataba de una visita de un miembro de la realeza al barrio... En la calle en la que estaba el coche aparcado pasan autobuses, e incluso el camión de la basura tiene espacio suficiente para cambiar de sentido sin mayor problema. ¿En qué tipo de vehículo viajaría este miembro de la familia real para necesitar tanto margen de maniobra...? En caso de necesitar tanto espacio, ¿no estaba este acto oficial planificado con algo más de antelación...?
Por suerte yo no he vivido directamente las consecuencias de este "acto", pero no por ello ha dejado de llamarme la atención.
jueves, 26 de mayo de 2011
domingo, 15 de mayo de 2011
Una retirada a tiempo...
...es una victoria. O eso dicen, porque realmente sabe a derrota.
A derrota y a frío, como no recuerdo haber pasado nunca, si es que el frío tiene sabor a algo. Parece que he cogido la (in)sana costumbre de debutar con abandonos. Primer triatlón hace un par de años, caída y consecuente abandono. Y este sábado, debut en un 'media distancia', con abandono de nuevo. Aunque por suerte, en esta ocasión, mucho menos traumático.
Y es que, tal y como dijeron los de la armada invencible, no había venido yo a luchar contra los elementos. Al menos no contra los que se presentaron en Buitrago. No me refiero a los elementos que nos juntamos a la orilla del embalse de Riosequillo, ataviados con nuestros neoprenos negros, bicicletas y demás archiperres, aunque también fuésemos buenos elementos. Sino al elemento que se presentó más tarde, ya sobre la bici.
Lo bien que me habría quedado toda la tarde metido en el agua del embalse, tan calentita, con mi neopreno puesto, dando vueltas al circuito. Y pensar que cuando me apunté a esta prueba era precisamente la temperatura del agua lo que más reparo me daba. Pero con una vuelta fue suficiente, había que salir y coger la bici.
Se trataba en este sector de un circuito al que había que dar dos vueltas. Y aunque fuera la misma carretera, la segunda vuelta a mí me pareció que discurría por un lugar completamente diferente. Lo que antes eran verdes prados, se tiñó de repente de gris, bajo una cortina de agua y granizo.
Ahora me río al recordarlo, pero del frío que tenía, al bajar una de las múltiples cuestas que había en el circuito, me temblaba la bici entera. En aquel momento frené como pude, me paré, puse los pies en el suelo y comencé a revisar la bicicleta intentando encontrar alguna holgura que justificase aquellos temblores... hasta que al final me di cuenta de que el que tenía holgura era yo, que no paraba de temblar, y no mi pobre montura. Así que, en el siguiente cruce en el que encontré un voluntario, me detuve, dejé la bici en la cuneta junto a otras tres bicis más, y me metí en el coche del amable voluntario, en el que me estaban esperando otros temblorosos y tirillas deportistas.
En su momento me puse a pensar el motivo de no haber aguantado como muchos otros sí hicieron. La falta de preparación, el haber descansado poco las semanas antes... Ahora, ya en caliente (que no en frío, como entonces), creo que la retirada fue la opción más acertada. No me vale de nada compararme con otros. Cada situación y cada cuerpo es diferente, y sin duda los míos, esa tarde, no daban para más. Ya vendrán tiempos mejores y victorias de verdad.
A derrota y a frío, como no recuerdo haber pasado nunca, si es que el frío tiene sabor a algo. Parece que he cogido la (in)sana costumbre de debutar con abandonos. Primer triatlón hace un par de años, caída y consecuente abandono. Y este sábado, debut en un 'media distancia', con abandono de nuevo. Aunque por suerte, en esta ocasión, mucho menos traumático.
Y es que, tal y como dijeron los de la armada invencible, no había venido yo a luchar contra los elementos. Al menos no contra los que se presentaron en Buitrago. No me refiero a los elementos que nos juntamos a la orilla del embalse de Riosequillo, ataviados con nuestros neoprenos negros, bicicletas y demás archiperres, aunque también fuésemos buenos elementos. Sino al elemento que se presentó más tarde, ya sobre la bici.
Lo bien que me habría quedado toda la tarde metido en el agua del embalse, tan calentita, con mi neopreno puesto, dando vueltas al circuito. Y pensar que cuando me apunté a esta prueba era precisamente la temperatura del agua lo que más reparo me daba. Pero con una vuelta fue suficiente, había que salir y coger la bici.
Se trataba en este sector de un circuito al que había que dar dos vueltas. Y aunque fuera la misma carretera, la segunda vuelta a mí me pareció que discurría por un lugar completamente diferente. Lo que antes eran verdes prados, se tiñó de repente de gris, bajo una cortina de agua y granizo.
Ahora me río al recordarlo, pero del frío que tenía, al bajar una de las múltiples cuestas que había en el circuito, me temblaba la bici entera. En aquel momento frené como pude, me paré, puse los pies en el suelo y comencé a revisar la bicicleta intentando encontrar alguna holgura que justificase aquellos temblores... hasta que al final me di cuenta de que el que tenía holgura era yo, que no paraba de temblar, y no mi pobre montura. Así que, en el siguiente cruce en el que encontré un voluntario, me detuve, dejé la bici en la cuneta junto a otras tres bicis más, y me metí en el coche del amable voluntario, en el que me estaban esperando otros temblorosos y tirillas deportistas.
En su momento me puse a pensar el motivo de no haber aguantado como muchos otros sí hicieron. La falta de preparación, el haber descansado poco las semanas antes... Ahora, ya en caliente (que no en frío, como entonces), creo que la retirada fue la opción más acertada. No me vale de nada compararme con otros. Cada situación y cada cuerpo es diferente, y sin duda los míos, esa tarde, no daban para más. Ya vendrán tiempos mejores y victorias de verdad.
lunes, 9 de mayo de 2011
Media distancia
Ultimamente me ronda por la cabeza pensar cuál ha sido el criterio para denominar media distancia a esfuerzos de varias horas en triatlón, pensando claramente en la que pretende ser mi primera cita con la mencionada distancia, dentro de nada ya. Y el único criterio que encuentro válido, es el que utiliza Renfe. Y es que pensar que un desplazamiento de algo más de 100 km se llame media distancia no tiene otra explicación.
Al margen de todas estas divagaciones, no hago sino pensar si seré capaz de superar este reto. Bueno, más que eso, si seré capaz de superarlo con un buen sabor de boca. Salvo desastre imagino, y espero, llegaré a meta en buenas condiciones. Y es que soy de ésos a los que le gusta sonreir cuando le animan, disfrutar de las pruebas, animar a los que compiten conmigo. Eso es para mí llegar en buenas condiciones. Pero aparte de eso, también he de reconocer que dentro de esos límites de difrute, me gusta exprimirme.
Y es ahí donde se me plantea el mayor problema. Me he animado con esto de la 'media distancia' y me temo que la cosa va a ser un poco larga. Los no-entrenamientos que estoy haciendo superan con dificultad la hora de duración, y se me antoja difícil exprimirme con ese bagaje tan escaso. Buena muestra de ello fue el duatlón de Soria. 10-40-5, de los cuáles los 40 km centrales sobre la bicicleta fueron una lucha continua contra los calambres en los gemelos. De pulmones y de corazón, sin problema ninguno, pero a cualquier intento de acelerar el ritmo las piernas se contraían. Tras unos momentos de rabia, al ver pasar varios grupos a mi lado, y tras bajarme incluso de la bici, descalzarme, y estirar en el km 10, cambié de táctica y pasé al modo disfrute los 30 km restantes de bicicleta. Más que una prueba deportiva parecía verano azul...
Quizás sea el mideo escénico, o ganas de quitarme presión de encima frente a la que se me avecina el día 14 en Buitrago, pero no me veo. Aunque tampoco me importa. Sólo deseo disfrutar un buen rato del ambiente, del paisaje... y dejar que los kilómetros pasen, como si viajara en tren.
(PD. Eso sí, no tengo remedio, el otro día me apunté al Titán)
Al margen de todas estas divagaciones, no hago sino pensar si seré capaz de superar este reto. Bueno, más que eso, si seré capaz de superarlo con un buen sabor de boca. Salvo desastre imagino, y espero, llegaré a meta en buenas condiciones. Y es que soy de ésos a los que le gusta sonreir cuando le animan, disfrutar de las pruebas, animar a los que compiten conmigo. Eso es para mí llegar en buenas condiciones. Pero aparte de eso, también he de reconocer que dentro de esos límites de difrute, me gusta exprimirme.
Y es ahí donde se me plantea el mayor problema. Me he animado con esto de la 'media distancia' y me temo que la cosa va a ser un poco larga. Los no-entrenamientos que estoy haciendo superan con dificultad la hora de duración, y se me antoja difícil exprimirme con ese bagaje tan escaso. Buena muestra de ello fue el duatlón de Soria. 10-40-5, de los cuáles los 40 km centrales sobre la bicicleta fueron una lucha continua contra los calambres en los gemelos. De pulmones y de corazón, sin problema ninguno, pero a cualquier intento de acelerar el ritmo las piernas se contraían. Tras unos momentos de rabia, al ver pasar varios grupos a mi lado, y tras bajarme incluso de la bici, descalzarme, y estirar en el km 10, cambié de táctica y pasé al modo disfrute los 30 km restantes de bicicleta. Más que una prueba deportiva parecía verano azul...
Quizás sea el mideo escénico, o ganas de quitarme presión de encima frente a la que se me avecina el día 14 en Buitrago, pero no me veo. Aunque tampoco me importa. Sólo deseo disfrutar un buen rato del ambiente, del paisaje... y dejar que los kilómetros pasen, como si viajara en tren.
(PD. Eso sí, no tengo remedio, el otro día me apunté al Titán)
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