lunes, 19 de mayo de 2008

La Vía de la Plata

Hace un par de semanas María y yo estuvimos en Plasencia.

Mientras ella "trabajaba" en el hospital, yo aproveché para irme a dar una vuelta con la bicicleta. Subí hacia la ermita de la Virgen del Puerto y continué más allá, por lo que se supone que era una vereda, entre monte adehesado de encinas y alcornoques.

Lo que al principio era un camino carretero con enormes losas de granito en el suelo que hacía muy difícil la bajada, dio paso a caminos más o menos marcados, siempre atravesando fincas, saltando vallas y muros de piedra, abriendo y cerrando cancelas, bajo la atenta mirada de vacas y toros, y algún que otro gorrino pata negra. Así durante algo más de hora y media, en la que no avancé mucho, puesto que ya no sabía si estaba en un camino público o privado, y eso me hacía volver sobre mis pedaladas para cerciorarme. Además no sabía si las vacas extremeñas (y los toros, ¡glup!) se comportan igual que las leonesas... con lo que no las tenía todas conmigo.

Todas estas circustancias me llevaron a elegir la opción más radical, que no fue otra que la de tirar todo recto hacia abajo, a puro huevo, para pasar por debajo de un puente de la nueva y recién inaugurada autovía de la Vía de la Plata. Estas nuevas infraestructuras no están preparadas para ser cruzadas por debajo de ellas, no me cabe duda.

Una vez en un terreno más ciclable, pude cruzar, mucho más facilmente, la abandonada vía del tren de la Vía de la Plata. Allí charlé durante unos minutos con un par de paisanos que llevaban a sus vacas hacia otra finca, y tras unos kilómetros por una estrecha carretera, llegué a Oliva de Plasencia, donde di buena cuenta de un bocadillo de tortilla.

Mi intención era llegar en bici hasta el arco romano de Cáparra, pero tuve que volver a Plasencia a recoger a María, y así nos acercamos los dos en el coche a las ruinas de Cáparra.

Cáparra fue una pequeña ciudad romana, situada en la Vía de la Plata, en la de verdad, en la vía de comunicación que iba desde el sur de la península, la desembocadura del río Guadalquivir, hasta el norte, Asturias y León.

Ahora sólo quedan las ruinas, y un bonito arco aún en pie. Y visitarlo es una delicia, pues dispone de un aula de interpretación a la entrada, donde se puede conocer la historia tanto de la ciudad como de la calzada romana y de los yacimientos.

Tres Vías de la Plata en una sola jornada. Pero sólo hice fotos a dos de ellas...

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